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A
MEDIO CAMINO ENTRE LO REGIONAL E INTERNACIONAL
Fernando
Ulivi no deja pasar el tren
Escribe
Alejandra Volpi
El
cantautor uruguayo presentó en Sala Zitarrosa el repertorio de su
tercer material discográfico, titulado “Por donde pasa el tren”, en
el marco de un show enteramente disfrutable, que lo devuelve a escena
como un exponente solista digno de tener en cuenta.
“Por
donde pasa el tren” habla de la partida, de la llegada, del cambio
constante que genera el pulso vital actuando sobre diversos rieles
existenciales. La musicalidad de ese tema en particular –fiel reflejo
del concepto que persigue el disco- tiene la potestad de transmitir
optimismo al primer contacto.
Es
difícil encasillar a Ulivi –de hecho muchas de sus composiciones no
persiguen una fórmula específica-, pero a pesar de la búsqueda
constante que lo empuja hacia una proyección internacional, mediante la
inclusión de pop y rock, el artista lleva un sello distintivo regional
como base. Idéntico a quien, aún luciendo diferente en el ámbito estético,
posee el acento característico de su lugar de origen. Este aspecto, por
momentos evidente y por otros más sutil, va delineando en escena la
identidad propia de este conceptuoso músico popular que en forma
paralela a su carrera en solitario trabaja “por encargo” para obras
de teatro, cine y Carnaval.
Estar
siempre en actividad, y tener la capacidad de “desdoblarse” en la
esfera creativa, diferenciando muy bien el ejercicio de creación para
otros y para sí mismo, lo ha empujando al desarrollo de un estilo
personal más que evidente. Ulivi no es ningún improvisado. Es un
excelente cancionista, puesto que los temas de su autoría, si tuvieran
mayor difusión radial –una carencia que afecta a muchos artistas
nacionales- lograrían encontrar un sitio en el colectivo popular.
Muestra de ello son el rítmico “Por donde pasa el tren”, “A
veces” y “Corta y sube”.
No
hace crítica social y hasta marca la diferencia mediante un modo
interpretativo vocal que por momentos parece una mixtura, capaz de traer
a la mente personajes como Rubén Blades o Roque Narvaja. Quizás la única
corriente en contra que es posible advertir en el concierto es la
sonoridad lineal que por momentos se mantiene en un solo carril, dando
paso a la monotonía rítmica. Sin embargo, Ulivi se las ingenia para
llegar a tiempo con un giro rápido y develar su veta impredecible.
En
escena estuvo acompañado por cuatro músicos a cargo de teclados,
percusiones varias, bajo, cajón peruano y sampler (en lugar de batería).
Este último elemento fue incluido con una finalidad específica: dar la
pauta del recurso electrónico empleado en la grabación del disco. A
pesar de ello, el sonido más resaltante junto con los múltiples
instrumentos de percusión (aliados por naturaleza al candombe) fue el
del acordeón. El cantautor también hizo espacio para canciones de
discos anteriores, como “El son de la novena luna” y para algunos
estrenos, entre los cuales se destacó “La biblia y el calefón”,
una coautoría con Álvaro García de Contrafarsa, que bien podría
definirse como la sátira de un encuentro amoroso.
Unos
de los puntos altos del show fue la conformación de un dueto con Jorge
Galemire –compatriota radicado en España que por estos días visita
Montevideo- junto a quien Ulivi compuso “Los días que vendrán”,
con letra referida al sentimiento nostálgico que acosa al emigrante. |